¿Y por qué por Internet?

El mismo San Ignacio en la nota 19 del libro de los Ejercicios ofrece varias adaptaciones, que ya se realizaban en vida del Santo, de aquí que se puedan hacer versiones reducidas de 10, 8, 5 o hasta 3 días.

Sin dejar de afirmar que lo óptimo es hacer los Ejercicios Espirituales en retiro y en silencio, estamos convencidos de que hacemos bien en adaptarlos al mundo moderno y facilitarlos también por Internet para todas las personas que no pueden acceder a los mismos de otra manera. A casi 10 años de haber comenzado con esta página, y contando con casi 50 mil registrados de 65 países y con cientos de testimonios hermosísimos, podemos, gracias a Dios, corroborar con los hechos, que vamos por buen camino.

Y no podría ser de otra manera, contando con el apoyo y estímulo del Vicario de Cristo en la tierra, quien nos enseña a adentrarnos en nuevas formas de evangelización:

“La historia de la evangelización no es sólo una cuestión de expansión geográfica, ya que la Iglesia también ha tenido que cruzar muchos umbrales culturales, cada uno de los cuales requiere nuevas energías e imaginación para proclamar el único Evangelio de Jesucristo. La era de los grandes descubrimientos, el Renacimiento y la invención de la imprenta, la Revolución industrial y el nacimiento del mundo moderno: estos fueron también momentos críticos, que exigieron nuevas formas de evangelización. Ahora, con la revolución de las comunicaciones y la información en plena transformación, la Iglesia se encuentra indudablemente ante otro camino decisivo”. (San Juan Pablo II, 24/01/02)

Camino decisivo que debemos aventurarnos a transitar:

“Como en las nuevas fronteras de otros tiempos, ésta [el ciberespacio] entraña también peligros y promesas, con el mismo sentido de aventura que caracterizó otros grandes períodos de cambio. Para la Iglesia, el nuevo mundo del ciberespacio es una llamada a la gran aventura de usar su potencial para proclamar el mensaje evangélico. Este desafío está en el centro de lo que significa, al comienzo del milenio, seguir el mandato del Señor de «remar mar adentro»: «Duc in altum» (Lc 5, 4). (San Juan Pablo II, 24/01/02)

San Ignacio era, como todo santo, muy devoto de “Nuestra Señora”, como gustaba llamar él a la Santísima Virgen María:

“De aquellos primeros principios de Loyola y Montserrat creció tanto en Ignacio el amor y devoción a la Virgen María, que, de su parte, ninguna cosa intentaba y emprendía, grande o menor, que no fuese debajo de su amparo; ninguna cosa pedía al Señor que no fuese por medio de su intercesión de su Madre y Señora, Abogada y Medianera”[1].

Teniendo la gracia como Familia Religiosa de contar con un cuarto voto de esclavitud Mariana, también nosotros queremos poner bajo su manto y protección todo lo que somos, tenemos y hacemos. Es por eso que en manos de Nuestra Madre del cielo, llamada por Juan Pablo II “Maestra sabia de los Ejercicios Espirituales”, ponemos también esta página web y, especialmente, cada una de las personas que la visiten, transformándose así, dentro del “sexto continente”, en nuevas “almas encomendadas a nuestra oración y apostolado”, por las cuales rezamos a diario y de continuo.

[1] Roberto Cayuela, S. J., San Ignacio de Loyola, modelo y maestro de la verdadera devoción a la Santísima Virgen María, Revista Roma N° 52 – Mayo de 1978.

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