Hace muchos años leí un libro: «La conversión de los buenos» de Atilano Alaiz y entonces pensé…¿Necesitaran la conversión los buenos? Hoy después de haber completado la tanda de los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola y experimentar ese hecho en mí, hoy digo que la CONVERSIÓN, ES UN PROCESO DE TODA LA VIDA. En particular debo trabajar muchísimo en el AMOR. Amor de concupiscencia donde me di cuenta que mi apostolado no lo he estado realizando por amor a Dios, sino por amor a mí mismo, apostolado que ha sido más activismo que un servicio. Quiero trabajar con la ayuda de la Gracia en lograr alcanzar el amor BENEVOLENTE, Ese amor que creo yo, me ayudará en mi vida a dejar de ser siervo para reconocerme y manifestarme como hijo de Dios en Cristo. Gracias a la ayuda invaluable de los Padres, que supieron guiarme atinadamente al responder a todas mis dudas, siendo ellos esas «luces» que en su momento me ayudaron a encontrar nuevos caminos. Que mí Madre Santísima de Guadalupe me ayude a que la CARIDAD ya no sea en mí «buena voluntad humana», sino VIRTUD, Divina que se pone en contacto con la Divinidad. ¡En todo AMAR y SERVIR! ¡Gracias!