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Pre ejercicio - Plática: Introducción a los EE

¡Hola a todos!
Entramos ya en el “tiempo de descuento”, 3,2,1 .... El video con el material para hoy es una de las tres Pláticas introductorias que ya indicamos que es necesario visualizar para poder hacer con fruto los Ejercicios.

1- Quien ama a JCristo huye de la tibieza

San Alfonso María de Ligorio - 11 min

¡Ave María y adelante!

Material extra (opcional)

Audio de San Alfonso María de Ligorio  Quien ama a Jesucristo huye de la tibieza - audio 11 min

Texto correspondiente al audio de San Alfonso Quien ama a Jesucristo huye de la tibieza

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Mientras vamos precalentando les compartimos uno de los tantísimos elogios de parte del Magisterio de la Iglesia a los Santos Ejercicios, para seguir entusiasmándose con el gran regalo que nos hace el Señor y prepararnos para poner nuestro granito de arena, que en definitiva es poner TODO, para que Dios haga SU obra en nosotros.

Extraído de la Encíclica Mens Nostra, del Papa Pío XI:

“Entre todos los métodos de Ejercicios espirituales que muy laudablemente se fundan en los principios de la sana ascética católica, uno principalmente ha obtenido siempre la primacía. El cual, adornado con plenas y reiteradas aprobaciones de la Santa Sede [al día de hoy son más de 600], y ensalzado con las alabanzas de varones preclaros en santidad y ciencia del espíritu, ha producido en el espacio de casi cuatro siglos grandes frutos de santidad.

Nos referimos al método introducido por San Ignacio de Loyola, al que cumple llamar especial y principal Maestro de los Ejercicios espirituales, cuyo admirable libro de los Ejercicios, pequeño ciertamente en volumen, pero repleto de celestial sabiduría, desde que fue solemnemente aprobado, alabado y recomendado por nuestro predecesor, de feliz recordación, Paulo III, ya desde entonces, repetiremos las palabras empleadas en cierta ocasión por Nos, antes de que fuésemos elevado a la cátedra de Pedro, «sobresalió y resplandeció como código sapientísimo y completamente universal de normas para dirigir las almas por el camino de la salvación y de la perfección; como fuente inexhausta de piedad muy eximia a la vez que muy sólida, y como fortísimo estímulo y peritísimo maestro para procurar la reforma de las costumbres y alcanzar la cima de la vida espiritual».

Y cuando, al comienzo de nuestro pontificado, «correspondiendo a los ardentísimos deseos y votos» de los Prelados de casi todo el orbe católico y de uno y otro rito» por la constitución apostólica Summorum Pontificum, fechada el día 25 de julio de 1922, «declaramos y constituimos a San Ignacio de Loyola celestial Patrono de todos los Ejercicios espirituales y, por consiguiente, de todos los institutos, asociaciones y congregaciones de cualquier clase que ayudan y atienden a los que practican Ejercicios espirituales», casi no hicimos más que sancionar con nuestra suprema autoridad lo que estaba en el común sentir de los pastores y de los fieles: lo cual habían dicho implícitamente, junto con el citado Paulo III, nuestros insignes predecesores Alejandro VII, Benedicto XIV, al tributar repetidos elogios a los Ejercicios ignacianos; los cuales enaltecieron con grandes encomios y aun con el mismo ejemplo de las virtudes que en esta palestra habían adquirido o aumentado todos aquellos que —para decirlo como el mismo León XIII— florecieron más en la doctrina ascética o en santidad de vida, en los cuatro últimos siglos”.

Papa Pío XI, Encíclica Mens Nostra.

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