¿Será mejor que este nuevo año que comienza el anterior? ¿Tiene algo de cierto esto de año nuevo vida nueva? Mi padre a modo de broma todos los años, unos minutos después de pasadas las 00.00hs solía decir: bastante parecido al anterior este año, ¿no?

De todos modos es bueno aprovechar el inicio del año como una oportunidad de mirar con ojos nuevos, con renovada esperanza, nuestro futuro.

Pero ¿de qué depende que este año nuevo sea mejor que el anterior e incluso al mejor que hayamos vivido en nuestra vida? Aunque esta respuesta suene un poco voluntarista, lo cierto es que depende solamente de nosotros.

¿Y por qué digo esto? Porque Dios es nuestro Padre y nos ama infinitamente y, por tanto, lo único que quiere es ayudarnos a ser lo más felices que podamos en esta vida y para siempre en la eternidad. Por tanto, si no somos tan felices como podríamos serlo, no es porque Dios no lo quiera, sino porque nosotros no unimos nuestro querer al querer divino.

Mons. Munilla en su carta pastoral al terminar el año ignaciano, hablando de los Ejercicios, decía:

Ser feliz y ser santo no son dos cosas distintas, sino una misma realidad vista desde dos ángulos: desde el corazón del hombre y desde la revelación de Dios.  Cuando uno llega a esta profunda convicción podemos decir que ha experimentado su primera conversión[1].

De fondo en lo que estamos diciendo está aquella frase tan hermosa de San Pablo “Todo coopera para bien de los que aman a Dios” (Rm 8, 28), que comentamos en extenso en un post hace ya dos años, en plena pandemia[2]. El tema es que todo coopera para bien de los que aman a Dios, no para todos. Es decir, Dios ordena todo para mí bien, en la medida que le dejo a Él ser Dios y yo ocupó el lugar de creatura, de hijo que ama y respeta a su Padre; o sea aún en este querer mi bien Dios respeta mi  libertad.

Y aquí viene como anillo al dedo citar aquel otro pasaje de la Escritura donde el Señor dice “Buscad del Reino de Dios y su justicia, y todo lo demás se los dará por añadidura” (Mt 6, 33). Buscar “el Reino de Dios” no significa otra cosa que buscar a Dios mismo en nuestra vida, tratando por todos los medios de descubrir y hacer su voluntad, pues es de ese modo que le permitimos amarnos, cuidarnos, protegernos…  como decíamos arriba, le permitimos ser Dios y Padre para nosotros.

Y el “todo lo demás” de la aseveración del Señor es aquello que podemos encuadrar en la palabra “añadidura” y que muchas veces ponemos primero en la vida, errando el así el camino, y por buscarlo primero, como dice el dicho, nos quedamos “sin el pan y sin la torta”.

Buscar primero a Dios es, repetimos, buscar su voluntad. Muy buen momento es al comienzo del año repensar todas aquellas cosas que Dios, en ese sagrario interior que es nuestra conciencia, nos ha mostrado que debíamos hacer para cumplir su voluntad, para ser santos y felices. Algunas de esas cosas quizás las empezamos a hacer durante un tiempo y luego las dejamos, pero podemos aprovechar este comienzo de año para replantearnos la posibilidad de ponerlas por obra y así decirle una vez más que Él manda en nuestra vida, que reconocemos en lo más profundo de nuestro corazón que Él es Dios y nosotros sus hijos, creaturas, que Él tiene un mejor plan para nosotros que el que nosotros mismos nos hemos diseñado, que nos hemos cansado de probar, de intentar ir por caminos que no son los suyos… e incluso podemos decirle que redoblamos nuestra confianza en el poder que Él tiene para llevarnos por ese camino que intentamos una y otra vez y que no hemos logrado transitar por nuestra debilidad.

Decía el Kempis que si cada año lográsemos una virtud nueva, en poco tiempo seríamos santos, ¡cuánta esperanza tiene que darnos esto! Y para ayudarnos tenemos lo que San Ignacio llama el propósito particular. No es este el momento de explicarlo (aquí pueden verlo[3]), pero es una ayuda grandísima que no siempre solemos valorar o que quizás, aunque la valoramos, no nos da (aún) la voluntad para llevarlo por obra todos los días de nuestra vida.

Buen momento, repito, al comienzo del año para volver a plantearnos esa posibilidad y comenzar este 2023 con toda la fuerza concretada en un buen propósito, e ir en una eficaz búsqueda de Dios por medio de su voluntad.

¿Puede esta búsqueda de la voluntad de Dios hacer que este sea realmente un año feliz, año grandioso, el mejor de mis años –a excepción del año siguiente que será mejor que este–?.

¿Impedirá esto acaso que me surjan situaciones difíciles, cruces, alguna enfermedad, algún contratiempo?

Y la respuesta a la primera pregunta es “¡Si!”, por supuesto que si busco la voluntad de Dios en mi vida será este el mejor año y lo será en la medida que así la busque.

En cuanto a la segunda, la respuesta es que a pesar de –o incluso gracias a– esas dificultades podremos tener un año hermoso, felicísimo, santo.

Y para entender esto tenemos que tener en cuenta lo que ya dijimos más arriba, que todo coopera para bien de los que aman a Dios (perdón que repita, es mi cita preferida de la Escritura). De ese modo, si pongo toda mi fuerza en hacer la voluntad de Dios, cueste lo que cueste, ¡nada podrá impedir que este sea un año grandioso!, porque tenemos de nuestro lado a nuestro Padre, que es infinitamente poderoso, y ni un cabello se cae de nuestra cabellera sin que Él lo permita. Saber que Él está cuidando de nosotros segundo a segundo, momento a momento… ¿puede haber algo más consolador que esto? El problema entonces sigo siendo yo, o mejor dicho, la decisión es mía, solo mía, porque Dios está de mi parte y juega conmigo, cada día está en mi cancha, Dios es de mi equipo… y no decimos esto como una especie frase exitista o vacuo eslogan de autoayuda, sino que lo afirmamos con el trasfondo teológico más veraz, más consolador y firme, y aunque probablemente todos ya lo sabemos, no siempre lo tenemos presente o lo ponemos por obra.

Puede venir bien aquí a colación el ejemplo de la vida de San Ignacio. Estamos todavía dentro del año ignaciano, a los quinientos años en que el Santo pasó por aquí, por Manresa. Aquí escribió el librito de los Santos Ejercicios. Se fue de aquí más o menos el veinte de febrero de 1523. Pues bien, al salir de Manresa, San Ignacio no llevó ni una moneda y tampoco iba con compañía, cosa que para ese tiempo era muy llamativo, por qué los caminos eran muy peligrosos.

Cuando le preguntaban cuál era el motivo de esto les decía que él quería que solo Dios fuese su esperanza, sólo a Él amar, solo en Él poner su fe y confianza. Decía que quería poner por programa las virtudes teologales y si tuviese alguien que lo ayudase, en lugar de confiar en Dios esperaría la ayuda de ese compañero de camino.

Es así como Dios, cuando realmente uno lo deja ser Dios en su vida, tiene delicadezas providenciales, como la que vamos a contar: llegado a Barcelona busca el Santo un barco que lo lleve a Roma para luego ir a Tierra Santa. Consiguió uno, a pesar de no tener dinero. Faltaba poco para partir y fue a Misa a la iglesia de Santa María del Mar y, luego de comulgar, ubicado muy humildemente junto con los niños, una mujer lo vió con rostro resplandeciente. Por prudencia no dijo nada, pero al llegar a la casa le comentó a su marido, y él le pidió que trajese aquel hombre a su casa a cenar. San Ignacio guardó silencio durante la comida –como solía–, escuchó lo que se hablaba, y al terminar –también como siempre solía hacer– dijo algunas palabras según lo que había escuchado, que dejó a sus oyentes prendados de su santidad. Luego de esto el dueño de casa le consiguió otra embarcación para ir a Roma, y el barco dónde inicialmente iba a viajar al Santo… naufragó.

Así se porta Dios con los que lo dejan ocupar el lugar que Él debe tener nuestra vida.

¿Queremos que Dios se manifieste de maneras admirablemente providenciales en nuestra vida? ¿Queremos gozar de las alegrías, de los consuelos divinos? ¿Queremos que este año sea realmente un año hermoso, un año inolvidable? Pues bien… la decisión es nuestra.

Aprovecho para hacer un spot publicitario: les recuerdo que nada hay mejor para concretizar esto que les vengo diciendo que los Ejercicios Espirituales. El próximo Miércoles de Ceniza, 22 de febrero de 2023, Dios mediante, comenzaremos una tanda de Ejercicios de Cuaresma por Internet en la vida cotidiana[4], que luego repetiremos en julio y noviembre, como venimos haciendo estos últimos años. También en nuestra web pueden ver las fechas de Ejercicios presenciales[5] en todo el mundo. ¡Que buen momento éste, al inicio del año, para darnos un espacio de tiempo y ver en qué momento haremos o repetiremos estos santos ejercicios!.

¡Muy feliz  y santo 2023 y no te olvides que el hecho de que esto sea así depende pura sola y exclusivamente de ti!

—–

Es hermoso empezar cada año recordando que no solamente Dios está en nuestro camino para ayudarnos, consolarnos, confortarnos y protegernos… sino que tenemos también una Madre –que es también la suya–. Empezar todos los años diciendo “María, Madre de Dios” tiene que ser un plus no menor, una ayuda extra importantísima que nos lleve a mirarla, buscando su auxilio pero también imitándola, para que podamos junto con ella decir al final del 2023 (si llegamos…)  “Ha hecho en mi maravillas el Todopoderoso

Feliz 2023 ¡Ave María y adelante!

 

P. Gustavo Lombardo, IVE


[1] https://www.enticonfio.org/2022/07/26/para-en-todo-amar-y-servir/

[2] https://verbo.vozcatolica.com/feliz-ano-nuevo/

[3] Ver en el video de la Plática “Examen General y Particular”, a partir del minuto 27:54, en el enlace siguiente: https://youtu.be/00-c6Y6EeyI?t=1674

[4] Se difundirán a través de https://ejerciciosive.org/courses/ejercicio-cuaresma-2023/  y se anunciarán en https://ejerciciosive.org/, los canales de Telegram https://t.me/ejericiosignacianos y https://t.me/voz_catolica así como Facebook e Instagram.

[5] https://ejerciciosive.org/proximos-ejercicios/

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