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Maria Aida
Martes 30 de Julio del 2013
Para que conozcan un poquito de mí: tengo 46 años, soy casada hace 22 años y madre de tres hijos de 21, 20 y 13 años. Vivo en Cochabamba, Bolivia. Provengo de una familia con principios y valores cristianos católicos y tuve la suerte de recibir, durante algunos años de mi juventud, formación espiritual más profunda. A raíz de una enfermedad que tuve y que me dejó bastante quebrantada espiritualmente, busqué “algo” en internet, más concretamente en catholic.net, que me ayudara. Es así como encontré los Ejercicios Espirituales de San Ignacio que acabo de terminar y no encuentro mejor expresión para resumir la “aventura” de vivirlos, que decir que “pusieron mi vida de cabeza”. Al momento de iniciar los Ejercicios, tenía ya un Plan de Vida, no obstante, durante esos días (que fueron mucho más de 40 porque necesité meditar algunos temas con más profundidad), fui dándome cuenta que había entrado en la rutina y que Dios me pedía volver a “la devoción primera”, con lo cual puse mucho empeño en mejorar, y lo sigo haciendo, esos momentos dedicados al Señor y siento los frutos de ello en mi vida. Por otro lado, por algunas experiencias amargas de mi vida, guardaba ciertos rencores además de que estaba un tanto “peleada” con la Iglesia, creo sinceramente porque traté de acomodar mi forma de vida a lo que la Iglesia nos pide y, al no lograrlo, supuse que la equivocada era Ella. Gracias a los Ejercicios Espirituales y al seguimiento por internet de un Sacerdote del IVE, pude darme cuenta de que la desatinada era yo y acoger nuevamente a la Santa Iglesia como mi Madre; también me reconcilié y perdoné a quienes sin darse cuenta causaron heridas en mi corazón, y, lo más importante para mí, al tomar conciencia de la realidad del pecado en mi vida y de sus consecuencias, acercarme a un Sacerdote y hacer una confesión general que devolvió totalmente la paz a mi alma, me abrió los ojos a una realidad nueva y despertó en mí una gran necesidad de reparar. Ahora me siento y me sé una persona nueva porque gracias a los Ejercicios Espirituales, a la Dirección Espiritual y a la abundante Gracia que el Señor derramó sobre mí, permití que Él, a través de esos medios “rompiera mi vida y la hiciera de nuevo” como Buen Alfarero que es. De todos modos, siento que recién empiezo porque Dios es el “nunca bastante” y quiere mucho más de mí y yo se lo quiero dar, con Su Gracia y con Su ayuda, me quiere y nos quiere a cada uno “santos”, nos necesita santos, especialmente en estos tiempos en que todo en derredor nos invita a la vida “light”, a huir de la santidad, también dolorosamente algunas veces dentro de la misma Iglesia, por eso invito a todo el que me lea a dos cosas: a rezar fervientemente por la Iglesia y por la santidad de nuestros Sacerdotes (creo que esa es una de las cosas que el Espíritu debe pedir “con gritos inenarrables”) y a recorrer la maravillosa aventura de los Ejercicios Espirituales, porque de nuestra santidad dependen muchas cosas y ésta significa un apoyo a nuestra Santa Madre la Iglesia. Agradezco profundamente a Dios y a quienes hacen posible seguir estos Ejercicios a través de la red, a cada uno, con nombre y apellido y ruego a Dios cada día por su santidad. María Aída
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